Gobierno corporativo en las empresas .
Lic. Michelle Abreu
Dhimes & Marra / Abogados
Hoy en día la estructuración del Gobierno Corporativo de las empresas es una herramienta gerencial fundamental para la competitividad de las empresas. Es así como el establecimiento de buenos gobiernos en las empresas no solo ha permitido una mayor apertura a grupos económicos no asociados con la empresa que se funda sino que ha permitido a empresas obtener nuevos accionistas a través de la venta de sus acciones a estos nuevos grupos. Esto porque los nuevos accionistas tienen mayor acceso a información suficiente y adecuada., lo que han generado mayor confianza en el manejo de riesgos y permite participación más activa de estos nuevos grupos que ingresan a las empresas como inversionistas.
Los postulados de la “autorregulación” en los cuales se fundamentan los principios básicos del gobierno corporativo de las empresas cotizadas, tienen como finalidad principal la mejora de la seguridad y la información de los inversionistas. Mientras que por su parte, las prácticas de buen gobierno en aquellas empresas están más bien orientadas a la mejora de los mecanismos y de las relaciones entre accionistas familiares y de estos con la empresa. Además de que la gran mayoría de las empresas son familiares.
Es precisamente por estas razones que se hace necesario separar el aspecto familiar del empresarial, a fin de que sea posible lograr vencer aquellos retos que están fuera del alcance de las reglas de autorregulación y las leyes en general, ya que solo de esta manera será posible garantizar la sostenibilidad de las empresas de este tipo, las cuales no obstante la gran evolución en el mundo empresarial dominicano, contínuan siendo la mayoría en el mismo.
De la Empresa Familiar.
Si bien no existe en ordenamiento jurídico alguno una definición de la noción de “Empresa Familiar” no menos cierto es que la doctrina en su intento por construirla ha señalado la dificultad que ellos representa en razón de que línea divisora entre la empresa y la familia, es muy estrecha, y en este sentido, se han determinado ciertas características que la identifican.
Dentro de estas característica se distingue la participación de una o más familias en el capital social y por consiguiente en la gestión de la sociedad familiar; el control de la familia en la empresa; la vocación de continuidad y permanencia existente en la propiedad y gestión de la misma con respecto a las generaciones venideras entre otros. Pero sobre todo, la variedad y diversificación de este tipo de empresas es lo que la distingue del resto, pues es evidente que en la medida en que no existen dos familias iguales tampoco existen dos empresas familiares iguales y es precisamente por esta razón que pueden llegar a ser muy complejas. La realidad es que se cual sea la especie de las mismas, las Empresas Familiares juegan un rol muy importante dentro de cualquier economía.
El problema con estas empresas es en torno a sus procesos de planificación, ya que el establecimiento y definición de sus estructuras organizacionales es lo que determinará su subsistencia en el mercado, siendo las convergencias familiares uno de los principales obstáculos para la buena organización y proyección de las mismas. En efecto, uno de los problemas básicos de las empresas familiares es la coexistencia entre los diversos grupos y sus distintos intereses, sobre todo cuando se contraponen las ideas de Empresa, Familia y Propiedad en los procesos de toma de decisiones.
De ahí que uno de los principales retos propuestos es conciliar el gobierno de la familia con el de la empresa, lo cual solo se hace posible mediante la flexibilidad y la profesionalidad así como la instauración de mecanismos de dialogo y el consenso. A tales efectos, deberán diseñarse en el seno de la empresa ciertas estructuras y procesos formales o informales con esquemas que permitan una participación tanto de los intereses familiares propiamente dichos, como de los accionistas, en su calidad de propietarios y el de los gestores, debiendo quedar claramente establecidas sus funciones, atribuciones, facultades, derechos, obligaciones y responsabilidades, respectivamente.
En este tenor, el Consejo de Administración representa un papel fundamental en estas relaciones, ya que en la medida en que la empresa crece, y la familia madura, la cantidad de accionistas familiares y no familiares se multiplica, y por consiguiente se multiplican también las posibilidades de conflicto de intereses entre los miembros familiares, los accionistas familiares y no familiares, y la encargados de la gestión y dirección de la misma. El Consejo de Administración en tal sentido tiene un papel no solo de dirección sino además de asesor y consejero de la empresa y de la familia.
Por su parte, el Consejo de Familia debe preocuparse por consolidar la confianza y el mantenimiento de una postura prudente en las acciones de la empresa. Es decir, debe ser la guía de la empresa, encargada de definir su proyección y el compromiso familiar. Por consiguiente, debe participar en un escenario de transparencia tal que permita el flujo de la información referente a la propiedad y todo lo relativo a la empresa desde la perspectiva familiar.
A pesar de todo esto, la realidad es que cuando lo llevamos a la práctica, a situación entonces deviene más compleja toda vez que se dificulta establecer los límites entre los asuntos propios de la empresa y los familiares y por eso es tan importante diferenciarlos, ya que solo así será posible alcanzar los objetivos propuestos. En síntesis, deben distinguirse entonces de tipos de gobierno totalmente diferentes, por un lado el gobierno corporativo y por otro el gobierno familiar.
Pero esta realidad deviene más delicada cuando la empresa para hacer frente a los retos y la competitividad del mundo empresarial, decide abrir sus acciones a nuevos inversionistas que requieren políticas claras de Gobierno Corporativo para lograr una mayor transparencia del manejo de la empresa.
La función principal del Gobierno Familiar es llevar a la empresa la proyección que tiene la familia con respecto a la empresa, a fin de que conservar en el seno de la misma y de todas las actividades que esta realiza no solo su patrimonio, sino además los valores familiares y su cultura corporativa. En efecto, cuando se instauran estructuras de participación familiar, sean estas formales o informales, ello contribuye a la reducción de los conflictos entre los miembros de la familia, y por consiguiente mejora la comunicación entre estos, el resto de los miembros de la empresa y, de los nuevos inversionistas.
En cuanto a las estructuras de gobierno familiar, ello dependerá del tipo de empresa, de su extensión y su trayectoria en la implementación de sistemas de gobierno. En este sentido, mientras de mayor magnitud y complejidad sea la empresa será preferible que se establezcan Consejos en los que los miembros sean parte de la familia propietaria de la empresa. Estos Consejos son los escenarios de comunicación donde se interrelacionan y se dan a conocer los intereses de los accionistas familiares, tanto directivos como miembros del Consejo y sus decisiones se fundamentan en la filosofía y la cultura familiar y conforme a su Protocolo, a fin de asegurar su sostenibilidad a largo plazo y, una comunicación con los inversionistas externos.
En síntesis, gobierno familiar eficiente y que permita la apertura a nuevos capitales será aquel que siente sus bases no solo en una adecuada gestión profesional de sus directivos sean estos familiares o no, sino sobre todo aquella en la que la empresa cuente con estructuras organizativas, claras con respecto a los roles y obligaciones de cada uno se sus miembros, tanto los familiares como lo no familiares, de modo que se reduzcan al mínimo los conflictos cotidianos de intereses y la eficiencia sea la base del funcionamiento mismo de la empresa.
Vemos pues como hasta hace poco tiempo, la expresión “prácticas de buen gobierno” parecía limitarse a las estrategias y normativas por medio de las cuales las grandes empresas que cotizan en el mercado llevaban a cabo su gestión y dirección empresarial. Así las prácticas de buen gobierno eran vistas como un mecanismo para medir la rentabilidad y eficiencia de su comportamiento corporativo.
Sin embargo, como hemos podido darnos cuenta, las exigencias del mercado en el contexto de esta llamada Era del Conocimiento y de la Revolución de la Transparencia, han extendido la idea del buen gobierno al resto de las empresas y se trata de ampliar o abrir las empresas a nuevos inversionistas que permitan a la empresa familiar competir y modernizar sus estructuras.
En este sentido, las prácticas de buen gobierno ya no son vistas como una simple forma de incrementar la responsabilidad de los administradores en la gestión interna de la empresa, sino, que en el seno de la empresa familiar, la debida aplicación de los principios de gestión transparente es vista como la base sobre la cual se construirá la transparencia de información entre sus miembros se consolidará el orgullo de la propia familia y su compromiso con la empresa. Dicho de otro modo, el gobierno familiar debe concebirse como la garantía de la sostenibilidad de la empresa familiar a largo plazo y/o de asegurar la apertura a nuevos inversionistas.